Esta es la definición a un estado emocional que hoy primer dia de mes solemos sentir. Será porque la alegría que al igual que la felicidad está compuesta por pequeñas sastifacciónes, y hoy de eso, en nuestras batallas diarias, bien poco. Pero también es relativa como todo en la vida, claro, porque no es igual la sastifacción del cobro de la nomina mensual de 12.000 € largos por ejemplo del President Montilla, como la de uno en el paro, o la de un pensionista de 300 €. y pocos mas. Aquí ya, y a primeros de mes, empieza uno a perder la alegría y hasta la confianza, de forma que al salir de la caja de ahorros la cara se te vuelve como de perro rabioso y si a alguien se le ocurre contarte un chiste, eres capaz de asesinarlo, sobre todo si acabas de ver el telediario con las noticias de la crisis.
De ahí las caras largas, las malas maneras, las contestaciones desabridas, ect. Y es normal porque quien se escapa hoy de estar pagando una hipoteca, el prestamos del coche, tres o cuatro tarjetas Visa, que casi siempre están sin fondo, y el montón de recibos a pagar de cada mes con el trabajo en la cuerda floja del
despido, mientras que otros que se han metido a político hasta le pagan las dietas, puede trabajar en sus negocios, y hasta le sobra tiempo para acudir a lucirse a las fiestas del barrio. Y encima te dice que está trabajado para el pueblo.
Es una pena, pero siempre nos quedara la alegría de los humoristas de la tele en hacer reír al personal contándonos chistes de Lepe que parece ser es el único pueblo donde aún no ha llegado esta epidemia permanente.
Reírse hoy, demostrar tu alegría en sonoras carcajadas en un sitio publico, puede costarte un disgusto y acabar recluido de por vida en un siquiátrico, y si te pones a cantar como hacían antiguamente los paletas en los andamios y las mujeres tendiendo la ropa, entonces te pueden linchar y tirarte luego a las vías del Metro sin ninguna contemplación. Hay mucha rabia contenida, sobre todo cuando los banqueros y los políticos aparecen en la tele sonriendo como diciendo “joderos paganinis porque somos una etnia que no se extinguirá nunca y en los paraísos fiscales tenemos nuestra recompensa”.
Menos mal que siempre nos queda esa alegreia, como artificial, como la que viene del alcohol para estar alegre y reír sin parar . Tanto es así que en cualquier fiesta te haces rápidamente de amigos que te aman, te quieren como hermanos que te lo dan todo, que se ríen como nunca, que son alegres como ellos solos, pero que a la mañana siguiente cuando te os encuentras , te gruñen los buenos días con la cara de amargado de los días laborables.
Y es que la alegría, la sonrisa, la llevamos como los números rojos de la cartilla de ahorros, bajo mínimos, porque parece que todo está contra esa alegría natural y de eso también se encargan los espejos de la calle, y los de la casa porque cuando pasas por delante de un escaparate, el cuerpo que se refleja hace que te amargue mas la vida, porque aunque caminas varias horas seguidas, te bebes dos litros de agua cada día con la botella de plástico mirando al cielo, te comes una manzana y un plátano diario por aquello de las vitaminas, que no falten no bebes, no fumas, no vas al Bingo, te tomas los cafés con leche sin leche, sin café y con sacarina, te controlas la glucosa en sangre, el colesterol, la tensión y te matas en el gimnasio, todo para llegar bien sano a la tumba, pero el cuerpo no responde, se niega, y ajeno a tus sacrificios, se mantiene como siempre, gordo y fofo , y con la cara de aspirante a la bronca permanente.
Y digo yo para mi misma, y aunque esté yo delante ¿ y no será esto algun experimento los culpables de que haya por el mundo tanta malas caras y malos humores, porque a ver que si comemos alimentos con rastros de rata negra que cara vamos a tener, ni que ganas de bromas, si lo que levamos siempre es ganas de morderle a alguien. O sea que para que cuidarse tanto si el mal está en lo que comemos.
Reír, reírse es todo un lujo, por eso hagamos como que nos ha tocado la primitiva porque dicen que hasta en sano y empecemos a reímos de nosotros mismos primeros, y acabemos riéndonos de todo lo demás.
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